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Gambito de Ajedrez

Frases de Alexander Alekhine

Frases célebres de Alexander Alekhine

Alexander Alekhine es recordado hoy en día por ser uno de los ajedrecistas más fuerte de la historia, siendo también campeón mundial. Título que obtuvo al vencer contra todo pronóstico a José Raúl Capablanca en el match de Buenos Aires en 1927. Además, Alekhine ha sido es único ajedrecista en morir poseyendo el título mundial. La causa de la muerte de Alekhine ha sido objeto de numerosas especulaciones e hipétesis. Lo que sí queda claro es que la biografía de Alexander Alekhine es más que interesantes, y nosotros te invitamos a verla.

Ahora bie, a continuación te mostraremos las mejores frases de Alexander Alekhine.

Frases de ajedrez de Alexander Alekhine

Alguna vez los hombres tuvieron que ser semidioses; si no, no habrían inventado el ajedrez.
No sé cómo podré ganarle 6 partidas a Capablanca, pero tampoco sé cómo podrá ganármelas él a mí.
Soy Alekhine, campeón mundial de ajedrez. Tengo un gato llamado ‘Ajedrez’. No necesito pasaporte.
El objetivo del juego no es la victoria, sino el arte.
Durante toda mi vida, y especialmente después de ganar el título de campeón, decían que era enemigo de los soviéticos. Eso me dolía profundamente y me impedía el contacto con el país en el que había nacido y al que nunca he dejado de querer.
Estudio ajedrez ocho horas al día, por principio.
El ajedrez te enseña ante todo a ser objetivo.

Sobre su vida y el ajedrez

Desde niño sentí dentro de mí este talento y ya entonces sentí esta profunda y urgente pasión por el juego.
El ajedrez no es para mí un juego sino un arte. Sí, considero que es un arte y me hago cargo de todas las obligaciones que eso implica. Todo ajedrecista destacado y con talento no es que tenga el derecho, sino que tiene la obligación de considerarse artista.
Cuando juego al ajedrez, dentro de mí se libra una extraña batalla entre la fantasía por un lado y el razonamiento sensato por el otro. El exceso de imaginación o de pensamiento racional pueden ser igualmente peligrosos. Esas dos fuerzas tiran hacia lados opuestos y, sin embargo, hay que mantenerlas en armonía. Es lo que intento hacer cuando puedo. No obstante, en mi caso predomina la fantasía. Actúa dentro de mí con mayor intensidad. Tendré que domarla como sea.
El éxito que tuve en el duelo contra Capablanca se debe, ante todo, a mi superioridad psicológica. Capablanca jugaba confiando casi exclusivamente en su extraordinario talento intuitivo. En general, hay que conocer bien al adversario antes de empezar a jugar. Así, la partida se convierte en el medidor del individualismo y del amor propio, que juega un papel enorme en el resultado del juego.
Por medio del ajedrez desarrollé mi carácter… El ajedrez nos enseña, en primer lugar  a ser objetivos… En ajedrez uno solo puede llegar a ser gran maestro si es capaz de reconocer sus errores. Es exactamente como en la vida.
Aunque entonces tenía yo solamente 15 años y no podía juzgar mi verdadera fuerza, o, mejor decir, debilidad, me resultaba bien claro que no debía envanecerme demasiado por ese éxito, ya que mi adversario – un señor anciano y muy simpático – carecía de toda ambición de lucha y, lo que era peor, de verdadera clase de ajedrecista.

Comentarios y consejos de juego

El método para ganar consiste en ir alternando el avance del peón pasado con amenazas contra el rey negro. Primero, las blancas deben dominar la importante diagonal a1-h8.
La apertura de la posición en el centro terminará siempre por favorecer al bando que tenga superioridad de espacio.
No juego al ajedrez, lucho en ajedrez. Por consiguiente, trato de combinar la táctica con la estrategia, lo fantástico con lo científico, lo combinativo con lo posicional, y trato de responder a las demandas de cada posición específica.
El pretexto de la falta de tiempo no es justificación. La incapacidad del maestro experimentado para atenerse al tiempo es un defecto como incurrir en un error.
En los torneos importantes no hay que temer a la perdida de una partida, sino al decaimiento del ánimo que ello puede ocasionar.